martes, 1 de julio de 2014

El díficil arte de agradecer...


La vida esta llena de detalles, de gente que nos quiere y gente que convive con nosotros o, porque no decirlo, simplemente nos tolera. Lo que me cuesta trabajo entender es porque la gente se preocupa tanto en agradecer detalles o actitudes de terceras personas. 

Es acaso que la gente que nos rodea (y que nos quiere, no simplemente nos tolera) no se merece esa dosis de gratitud? y no me refiero al hecho de agradecer de dientes para afuera (en realidad hacemos eso 10 veces al día), me refiero al hecho de REAPRENDER a valorar lo que la gente nos da o esos pequeños detalles que tienen con nosotros día a día.

Si bien es cierto que formamos parte de la vida de mucha gente, también es cierto que nada de lo que nos dan es por obligación, la mayoría de las personas cercanas que nos rodean (y aquí incluyo familia y amigos cercanos) nos han acostumbrado a tal grado a su presencia y a lo que hacen que CREEMOS que es su deber estar ahí, que no tenemos porqué agradecer esos gestos.

Pero ¡oh sorpresa! la gente tiene la capacidad de elegir, y elige por ejemplo, estar contigo en vez de pasar un rato con sus amigos, si va a una tienda y ve algo que le gusta para ti lo compra (porque puede, como diría mi idolatrado Christian Grey), en el mas modesto de los casos te avisa "Vi una camisa que te quedaría excelente a muy buen precio". 

Esos se llaman detalles...

Dar las gracias es un gesto que engrandece, que habla muy bien de la persona que lo hace. La gratitud, junto al amor, son sentimientos llenos de energía de la buena, de la que te impulsa, de la que te llena el corazón y te abre caminos. Cuando agradeces a alguien estás no solo mostrándote como una persona de espíritu grande sino que estás llenando el espíritu del otro de un caudal energético inmenso.

Dar las gracias va más allá de decir una palabra.  Carolina González, una conocida blogger, dice (y estoy totalmente de acuerdo con ella) que si hubiera un manual para el agradecimiento, hay dos recomendaciones que no deberían faltar en él (y todas las que se te ocurran para agradecer mejor):
  •  No automatices el agradecimiento. Si te observas durante el día verás que das las gracias una docena de veces, y si te fijas bien notarás que es un acto automático. Dar las gracias debe venir del corazón, no de la obligación de cumplir una formalidad. Aunque no lo creas, la falta de respaldo en tu corazón hace que las palabras suenen huecas y no provoquen las maravillosas consecuencias que un agradecimiento pleno debe producir.
  •  No debe tener peros. Disfruta el bien inesperado que alguien te ofreció, el regalo  que te dieron, el favor que te hicieron. Disfrútalo plenamente sin poner un pero en tu pensamiento: “pero pudo haber sido mejor”, “ya que me diste esto podrías darme X”, “está lindo pero no es mi talla (o no uso eso, o ese no es mi color favorito, o yo realmente necesitaba era X cosa)”. Con una actitud así lo más seguro es que a la otra persona no le queden ganas de hacerte ningún favor o regalarte nada. Te sorprendería saber la cantidad de personas que te hace favores sin esperar nada de ti, ni siquiera las gracias, pero claramente lo que no se merecen esas personas es que menosprecies su gesto.

¿Te doy un consejo? La próxima vez que tu mamá te pase un plato prueba a decir "Gracias mamá", si tu esposo te sube un vaso de agua en la noche (aunque lo haga refunfuñando porque lo despertaste) no olvides decir "Gracias" pero hazlo de corazón, verás que bien se siente. 

Y si tu eres el que da o esta ahí, no dejes de hacerlo, no dejes de llenar tu espíritu solo porque el resto de la gente no sabe como llenar el suyo, mejor aún, enséñales como hacerlo. 

lunes, 17 de marzo de 2014

La política de “puertas abiertas” en las relaciones actuales….

Desde hace tiempo, platicando con amigos, me di cuenta de algo (que ya había notado pero que hasta hoy me he puesto a analizar): cómo han cambiado las relaciones en los últimos años… las famosas “relaciones abiertas”

Una de los argumentos que me dieron fue “es como tener un amigo con derecho, pero éstos pueden ir más allá”. Al parecer, los inocentemente llamados “amigos con derechos” cambiaron de nombre y alargaron la lista de esos “derechos” (que por cierto, nunca han estado lo que se dice muy delimitados).

Entonces, según lo que dice la gente, una relación abierta es una relación –que no es una relación-  en la que ambas partes deben estar de acuerdo en que no es algo serio y que no se deben mezclar los sentimientos, pues alguno podría salir lastimado. Ah y eso sí, implica que los individuos pueden experimentar con otros. Todo sin que exista reclamo alguno.

Pero, ¿realmente puedes escoger no mezclar sentimientos, no enamorarte de alguien con quien tienes una relación, pero a la vez “no es una relación”? Vamos, considerando la cercanía y el aprecio que le tienes a la persona, ¿podrías ser sólo amigo(a) de esa persona con la que las cosas van más allá de un saludo de manos o un beso en la mejilla? Sinceramente eso suena algo complicado para mí.

¿Sí funcionan estas relaciones? ¿O es sólo una forma de evitar el compromiso? ¿Es una forma de no querer invertir tiempo, dinero, esfuerzo, etc.?

Lo que sí me queda claro es que alguno debe salir perdiendo, porque no concibo en una relación (aunque no sea relación) que no exista alguien que se clave más que el otro.  

Creo firmemente que este nuevo “tipo” de relaciones tiene que ver con el hecho de que dejó de estar de moda toda esa onda del cortejo entre las parejas o que la gente decidió simplemente saltarse esa parte. Y vamos de nuevo a un concepto que toque en publicaciones pasadas, la individualidad vuelve a parecer más importante.

Creo que está bien probar, pero, en la gente que conozco, no he visto buenos resultados.

Un escritor que estuvo de moda hace mucho tiempo (y ya en ese entonces comenzaban a darse estos rollos) decía que somos muy dados a dejar la puerta abierta en las relaciones porque nos da miedo fallar, queremos tener la posibilidad de salir huyendo en el momento que sea; la forma de las relaciones actuales nos brinda un mundo de posibilidades, sí, pero también nos está enseñando a tener miedo al compromiso y a las responsabilidades, algo que sin duda, debemos aprender a manejar.

He asistido a pocas bodas a lo largo de esta década, y de esas pocas bodas la mitad ya no están juntos, ¿qué me dice esto? Que son pocos los que logran asumir un compromiso, pero que son menos los que aprenden a vivir en pareja, con todas las ventajas y desventajas que esto conlleva.

He visto de todo, parejas con largos noviazgos y cortos matrimonios, parejas con poco tiempo de conocerse y largos matrimonios, pero he visto también que para que algo funcione debe existir voluntad, respeto, y ganas de hacer las cosas.

La vida en pareja no es fácil, el matrimonio menos, incluso los amigos en la actualidad carecen de esa parte de compromiso, así que considero que lo que sea que estemos haciendo (con amigos, pareja, etc.) debe partir de la premisa de “No debo salir huyendo”, debemos aprender a luchar por lo que queremos, aprender a no tirar la toalla a la primera, tenemos opciones, sí, pero el tener una opción no significa que forzosamente debemos de tomarla.

¿Échenle ganitas no? :D


jueves, 23 de enero de 2014

¿En que nos estamos convirtiendo?



Me queda claro que como seres humanos tenemos la necesidad de relacionarnos con el resto de la gente, de crear conexiones con una o más personas a nivel emocional y físico, y eso es algo que tal vez, una simple amistad o una amistad "X" no puede lograr.

El crear un lazo íntimo con alguien (sea para siempre o no), te hace crecer en varios aspectos emocionalmente. Creo que es una etapa necesaria como ser humano para un “sano” crecimiento emocional.

Toda esta onda que he visto últimamente en muchas personas, de no relacionarse de manera seria o simplemente relacionarse con cualquier persona con reservas (miedo), me parece extraña y por demás dañina.

Muchos argumentan libertad, diversión y ese tipo de cosas pero a mi parecer es un grave problema de crecimiento y madurez. Es querer nunca madurar o “no querer ser lastimado”.

Eso de “no querer ser lastimado” es un reflejo de esta generación, son esos que, a diferencia de mi generación, han sido sobreprotegidos por sus padres y por la sociedad en general. No se arriesgan, no creen tener nada que perder (porque todo lo tienen fácil), todo es “Yo,yo,yo” para ellos y realmente tienen una nula madurez emocional.

La cosa a simple vista parece que es querer pasar por encima y no tener que lidiar con sentimientos pero, ¿En que nos estamos convirtiendo entonces?

El punto del problema, para mí, es que estamos poniendo, por encima de todo, las necesidades frívolas y fomentando un individualismo un poco insano. Simple y sencillamente nos estamos convirtiendo en seres egoístas y superficiales que en poco tiempo no sentirán ni la mínima empatía el uno con el otro.

Si, tal vez estoy exagerando un poco en las proporciones, pero creo qué todo esto si representa un factor importante en la deshumanización de la sociedad.

Que quede claro que estoy hablando de emociones, sentimientos, cosas que tienen repercusiones no solo en la vida amorosa de la gente sino en cuestiones de la vida diaria como la empatía y esas cualidades que nos hacen humanos.

Si la gente quiere convertirse en robotitos sin emociones y seguir esa tendencia de “a mi nada me importa”, adelante. Pero la verdad, no me gustaría que nos llegue el día en que tengamos que pagar a alguien porque nos escuche o simplemente pase tiempo con nosotros... así de materializados estamos.