La vida esta llena de detalles, de gente que nos quiere y gente que convive con nosotros o, porque no decirlo, simplemente nos tolera. Lo que me cuesta trabajo entender es porque la gente se preocupa tanto en agradecer detalles o actitudes de terceras personas.
Es acaso que la gente que nos rodea (y que nos quiere, no simplemente nos tolera) no se merece esa dosis de gratitud? y no me refiero al hecho de agradecer de dientes para afuera (en realidad hacemos eso 10 veces al día), me refiero al hecho de REAPRENDER a valorar lo que la gente nos da o esos pequeños detalles que tienen con nosotros día a día.
Si bien es cierto que formamos parte de la vida de mucha gente, también es cierto que nada de lo que nos dan es por obligación, la mayoría de las personas cercanas que nos rodean (y aquí incluyo familia y amigos cercanos) nos han acostumbrado a tal grado a su presencia y a lo que hacen que CREEMOS que es su deber estar ahí, que no tenemos porqué agradecer esos gestos.
Pero ¡oh sorpresa! la gente tiene la capacidad de elegir, y elige por ejemplo, estar contigo en vez de pasar un rato con sus amigos, si va a una tienda y ve algo que le gusta para ti lo compra (porque puede, como diría mi idolatrado Christian Grey), en el mas modesto de los casos te avisa "Vi una camisa que te quedaría excelente a muy buen precio".
Esos se llaman detalles...
Dar las gracias es un gesto que engrandece, que habla muy bien de la persona que lo hace. La gratitud, junto al amor, son sentimientos llenos de energía de la buena, de la que te impulsa, de la que te llena el corazón y te abre caminos. Cuando agradeces a alguien estás no solo mostrándote como una persona de espíritu grande sino que estás llenando el espíritu del otro de un caudal energético inmenso.
Dar las gracias va más allá de decir una palabra. Carolina González, una conocida blogger, dice (y estoy totalmente de acuerdo con ella) que si hubiera un manual para el agradecimiento, hay dos recomendaciones que no deberían faltar en él (y todas las que se te ocurran para agradecer mejor):
- No automatices el agradecimiento. Si te observas durante el día verás que das las gracias una docena de veces, y si te fijas bien notarás que es un acto automático. Dar las gracias debe venir del corazón, no de la obligación de cumplir una formalidad. Aunque no lo creas, la falta de respaldo en tu corazón hace que las palabras suenen huecas y no provoquen las maravillosas consecuencias que un agradecimiento pleno debe producir.
- No debe tener peros. Disfruta el bien inesperado que alguien te ofreció, el regalo que te dieron, el favor que te hicieron. Disfrútalo plenamente sin poner un pero en tu pensamiento: “pero pudo haber sido mejor”, “ya que me diste esto podrías darme X”, “está lindo pero no es mi talla (o no uso eso, o ese no es mi color favorito, o yo realmente necesitaba era X cosa)”. Con una actitud así lo más seguro es que a la otra persona no le queden ganas de hacerte ningún favor o regalarte nada. Te sorprendería saber la cantidad de personas que te hace favores sin esperar nada de ti, ni siquiera las gracias, pero claramente lo que no se merecen esas personas es que menosprecies su gesto.
¿Te doy un consejo? La próxima vez que tu mamá te pase un plato prueba a decir "Gracias mamá", si tu esposo te sube un vaso de agua en la noche (aunque lo haga refunfuñando porque lo despertaste) no olvides decir "Gracias" pero hazlo de corazón, verás que bien se siente.
Y si tu eres el que da o esta ahí, no dejes de hacerlo, no dejes de llenar tu espíritu solo porque el resto de la gente no sabe como llenar el suyo, mejor aún, enséñales como hacerlo.
Y si tu eres el que da o esta ahí, no dejes de hacerlo, no dejes de llenar tu espíritu solo porque el resto de la gente no sabe como llenar el suyo, mejor aún, enséñales como hacerlo.